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Riesgo cardiovascular en enfermedad autoinmune: lo que toda persona con una enfermedad reumática debería saber

  • Foto del escritor: Dra. Maria Claudia Diaz
    Dra. Maria Claudia Diaz
  • hace 23 horas
  • 5 Min. de lectura

Hablar de riesgo cardiovascular en enfermedad autoinmune ya no es algo secundario. Hoy sabemos que la inflamación crónica de enfermedades como la artritis reumatoide y el lupus no solo afecta articulaciones, piel, riñón o tejido conectivo: también puede acelerar el daño de las arterias y aumentar la probabilidad de infarto, ictus e insuficiencia cardiaca. En otras palabras, en reumatología moderna no basta con controlar el dolor o la inflamación visible; también hay que proteger el corazón desde etapas tempranas.


1. ¿Por qué una enfermedad autoinmune puede afectar al corazón y a las arterias?


Porque la inflamación sostenida no se queda “solo” en la zona donde más se notan los síntomas. Cuando el sistema inmunitario permanece activado durante meses o años, puede lesionar la pared interna de los vasos sanguíneos, favorecer la formación de placas de grasa y hacer que esas placas sean más inestables. Eso ayuda a explicar por qué una persona con una enfermedad autoinmune puede tener más riesgo cardiovascular incluso aunque no fume o no tenga cifras muy llamativas de colesterol.


Además, muchas enfermedades inflamatorias y autoinmunes se acompañan de una mayor frecuencia de hipertensión, alteraciones de lípidos, resistencia a la insulina o aumento de peso abdominal. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2024 encontró que, en conjunto, estas enfermedades se asociaron con más hipertensión y más complicaciones cardiovasculares que en la población sin estas patologías; también se observó más presencia de placas ateroscleróticas. Es decir, la inflamación y los factores clásicos suelen sumarse, no competir entre sí.


2. ¿Qué enfermedades autoinmunes reumáticas tienen una relación más clara con el riesgo cardiovascular?


La artritis reumatoide es una de las que mejor ha documentado este problema. Datos recientes resumen que la enfermedad cardiovascular representa alrededor del 30% al 40% de todas las muertes en artritis reumatoide. En esa misma revisión, los pacientes con 10 años o más de evolución tuvieron un riesgo relativo de infarto de miocardio de 3.10 frente a personas sin artritis reumatoide. También se describen más insuficiencia cardiaca, enfermedad cerebrovascular y aterosclerosis subclínica.


En lupus eritematoso sistémico el mensaje es igual de contundente. El American College of Cardiology destacó en 2025 que la enfermedad cardiovascular aterosclerótica es la principal causa de muerte en lupus; además, el infarto y el ictus son al menos dos a tres veces más frecuentes que en la población general. En pacientes jóvenes, con enfermedad más activa o con nefritis lúpica, el riesgo relativo de un evento aterosclerótico puede ser todavía mucho mayor.


3. ¿Qué factores hacen que ese riesgo sea aún mayor?


No todos los pacientes tienen el mismo riesgo. En general, el peligro aumenta cuando la enfermedad permanece activa durante mucho tiempo, cuando hay inflamación mal controlada, cuando existen manifestaciones fuera de las articulaciones o cuando se acumulan factores clásicos como hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad o colesterol elevado. En lupus, el compromiso renal añade una carga extra importante; en artritis reumatoide, la duración de la enfermedad y la actividad inflamatoria sostenida pesan mucho.


También hay que hablar del tratamiento con honestidad. Los glucocorticoides siguen siendo útiles en muchos contextos, pero su uso prolongado puede empeorar la presión arterial, la glucosa y el perfil lipídico, que son factores directamente relacionados con el riesgo cardiovascular. Por eso, en la práctica clínica actual, el objetivo suele ser usarlos a la menor dosis y durante el menor tiempo posible cuando sea factible, sin perder el control de la enfermedad de base.


4. ¿Cómo se detecta a tiempo y por qué a veces las calculadoras habituales no bastan?


Porque las calculadoras clásicas de riesgo cardiovascular fueron diseñadas sobre todo para población general. Estudios recientes muestran que esas herramientas pueden rendir peor en enfermedades como artritis reumatoide, enfermedad psoriásica y espondilitis anquilosante, lo que significa que algunos pacientes pueden parecer de “bajo riesgo” en el papel cuando en realidad merecen una vigilancia más estrecha. En lupus sucede algo parecido, y por eso se están desarrollando modelos más específicos.


En la práctica, detectar a tiempo implica revisar de manera periódica la presión arterial, el colesterol, la glucosa, el peso, el tabaquismo, la función renal y la actividad inflamatoria de la enfermedad. Las recomendaciones europeas y los trabajos que evalúan su implementación recuerdan que el riesgo cardiovascular debe estimarse al menos una vez cada 5 años en artritis reumatoide y volver a valorarse cuando hay cambios importantes en el tratamiento antirreumático o en la situación clínica.


5. ¿Qué puede hacer el paciente, junto con su reumatóloga, para reducir el riesgo?


Mucho más de lo que a veces se cree. Dejar de fumar, moverse con regularidad, dormir mejor, controlar el peso y seguir una alimentación cardioprotectora siguen siendo medidas muy potentes. EULAR recomienda insistir en hábitos como ejercicio, control del peso, buena alimentación y abandono del tabaco en las enfermedades reumáticas, y revisiones recientes recuerdan que el ejercicio es una de las intervenciones conductuales más útiles para disminuir el riesgo cardiovascular en artritis reumatoide.


Pero el punto más importante es este: bajar la inflamación también es proteger el corazón. La evidencia reciente insiste en que el control estricto de la actividad de la enfermedad tiene un papel central para reducir el riesgo cardiovascular. Dicho de forma simple, prevenir brotes, ajustar bien el tratamiento y no normalizar la inflamación persistente no solo ayuda a las articulaciones o a la piel; también puede marcar diferencia en el pronóstico cardiovascular a largo plazo.


Conclusión


El riesgo cardiovascular en enfermedad autoinmune no es una complicación lejana ni un tema exclusivo de cardiología: es parte del cuidado diario del paciente reumatológico. Las cifras más recientes muestran que enfermedades como la artritis reumatoide y el lupus aumentan de forma real y medible el riesgo de eventos cardiovasculares, pero también dejan claro que ese riesgo puede trabajarse. Controlar la inflamación, detectar a tiempo hipertensión, colesterol o diabetes, revisar el tratamiento y reforzar hábitos saludables permite cuidar al mismo tiempo la enfermedad reumática y la salud del corazón.


Fuentes

  1. Corrao S, et al. Rheumatoid arthritis, cardiometabolic comorbidities, and related conditions: need to take action. Frontiers in Medicine, 2024. (frontiersin.org)

  2. Barozet M, et al. Hypertension and Cardiovascular Outcomes in Inflammatory and Autoimmune Diseases: A Systematic Review and Meta-analysis. Current Hypertension Reports, 2024. (researchgate.net)

  3. ACC Expert Analysis. Atherosclerotic Cardiovascular Disease Risk Prediction in Systemic Lupus Erythematosus. American College of Cardiology, 2025. (acc.org)

  4. Wong CY, et al. Cardiovascular risk factors and complications in patients with systemic lupus erythematosus with and without nephritis: a systematic review and meta-analysis. Lupus Science & Medicine, 2024. (pubmed.ncbi.nlm.nih.gov)

  5. Hughes DM, et al. The predictive accuracy of cardiovascular disease risk prediction tools in rheumatoid arthritis, psoriatic disease and ankylosing spondylitis. Rheumatology, 2024. (academic.oup.com)

  6. Gwinnutt JM, et al. 2021 EULAR recommendations regarding lifestyle behaviours and work participation to prevent progression of rheumatic and musculoskeletal diseases. Annals of the Rheumatic Diseases, 2023. (ard.bmj.com)

  7. Anyfanti P, et al. Cardiovascular Risk in Rheumatoid Arthritis. Mediterranean Journal of Rheumatology, 2024. (mjrheum.org)

  8. Bedeković D, et al. Risk for cardiovascular disease development in rheumatoid arthritis: the role of inflammation control. Current issues review, 2024. (pubmed.ncbi.nlm.nih.gov)

 
 
 

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