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Artritis y osteoporosis: una relación que casi nadie te cuenta

Foto del escritor: Dra. Maria Claudia Diaz
Dra. Maria Claudia Diaz
hace 2 horas
4 min de lectura

Cuando pensamos en artritis, casi siempre imaginamos articulaciones hinchadas, rigidez en las mañanas y dolor en las manos. Cuando pensamos en osteoporosis, imaginamos huesos frágiles que se rompen con facilidad. Parecen dos problemas distintos, pero en la consulta de reumatología están más conectados de lo que la mayoría de las personas imagina.



Tener artritis, especialmente las formas inflamatorias como la artritis reumatoide, puede aumentar el riesgo de perder masa ósea. Y esa pérdida suele ser silenciosa: no duele, no se nota y muchas veces se descubre cuando ya hay una fractura. En este artículo respondemos cinco preguntas poco comunes que ayudan a entender esta relación y a cuidar tus huesos a tiempo.


1. ¿Mis huesos pueden debilitarse aunque mi artritis esté controlada y no me duela?


Sí, y es una de las razones por las que vale la pena hacer seguimiento. La inflamación crónica no solo afecta las articulaciones. Las sustancias que el cuerpo produce durante la inflamación también activan las células que destruyen hueso y frenan las que lo reconstruyen. Ese efecto ocurre en todo el esqueleto, incluso en zonas lejanas a las articulaciones dolorosas.


Además, hay otros factores que se suman: menos actividad física por miedo al dolor, menor exposición al sol y, en algunos casos, los efectos de ciertos tratamientos. Por eso una persona puede sentirse bien de sus articulaciones y, al mismo tiempo, tener unos huesos más frágiles de lo esperado. Sentirse bien es una buena noticia, pero no reemplaza una evaluación de la salud ósea.


2. ¿Los medicamentos que uso para la artritis pueden afectar mis huesos?


Algunos sí, pero conviene entender el panorama completo. Los corticoides (como la prednisona) son los más relacionados con la pérdida de hueso, sobre todo cuando se usan por meses o años y en dosis altas. Sin embargo, no se trata de tenerles miedo: en muchos casos son necesarios para controlar brotes y proteger las articulaciones. Lo importante es usar la dosis más baja posible durante el menor tiempo posible, y acompañarlos de medidas para cuidar el hueso.


Ahora, la otra cara de la moneda: controlar bien la inflamación también protege los huesos. Los tratamientos modernos que logran mantener la enfermedad en remisión ayudan a reducir la pérdida ósea que causa la propia artritis. Por eso, dejar la enfermedad sin tratar no es una opción más segura para tus huesos. Lo ideal es que tu reumatóloga ajuste el tratamiento pensando en tus articulaciones y en tu esqueleto al mismo tiempo.


3. Si tengo artrosis, ¿estoy protegida contra la osteoporosis?


Este es un mito muy frecuente. Como en la artrosis el hueso alrededor de la articulación se engrosa y forma pequeños crecimientos llamados osteofitos, mucha gente piensa que "tiene huesos fuertes". Y en efecto, algunos estudios muestran que las personas con artrosis pueden tener una densidad ósea algo mayor en ciertas zonas. Pero eso no significa que estén a salvo de fracturas.


De hecho, esos crecimientos óseos pueden alterar el resultado de la densitometría, sobre todo en la columna, y hacer que parezca que el hueso está mejor de lo que realmente está. Por eso el resultado siempre debe interpretarse en conjunto, con la edad, los antecedentes, los factores de riesgo y la valoración de un profesional. La artrosis y la osteoporosis pueden convivir perfectamente en la misma persona.


4. ¿Puedo tener osteoporosis siendo joven o siendo hombre?


Sí. Aunque la osteoporosis se asocia con mujeres después de la menopausia, las personas con enfermedades reumáticas inflamatorias pueden presentar pérdida de hueso a edades más tempranas. Esto incluye mujeres jóvenes, hombres y hasta adolescentes o niños cuando la enfermedad aparece durante el crecimiento, una etapa clave en la que se construye la reserva de hueso para toda la vida.


Cuando la inflamación o los tratamientos interfieren en esa construcción, la persona puede llegar a la adultez con menos reserva ósea. Por eso la edad no debería ser la única razón para pedir una evaluación. Si tienes una enfermedad reumática, tu historia clínica y tus factores de riesgo pesan tanto como tu fecha de nacimiento.


5. ¿Una fractura puede pasar desapercibida y confundirse con el dolor de la artritis?


Sí, y ocurre más de lo que se cree. Las fracturas de las vértebras, por ejemplo, no siempre causan un dolor intenso ni un golpe evidente. A veces se manifiestan como un dolor de espalda que aparece de forma gradual, una pérdida de estatura o una espalda más encorvada. Como las personas con artritis ya conviven con dolores, es fácil atribuirlo todo a la enfermedad y no investigar más.


Esto es importante porque haber tenido una fractura por fragilidad es uno de los mayores indicadores de riesgo de sufrir otra. Si notas un dolor nuevo, distinto al habitual, o si has perdido estatura, coméntaselo a tu reumatóloga. Detectarlo a tiempo permite iniciar un tratamiento y evitar nuevas fracturas.


Conclusión


La artritis y la osteoporosis no son dos mundos separados. La inflamación, algunos tratamientos, la menor actividad física y otros factores pueden debilitar los huesos de manera silenciosa, sin importar si eres joven, si eres hombre o si tus articulaciones se sienten bien. La buena noticia es que hay mucho por hacer: controlar la inflamación, usar los medicamentos de forma inteligente, mantenerte activa, cuidar tu alimentación y tu vitamina D, y consultar a tiempo.


Pregúntale a tu reumatóloga si es momento de evaluar tu salud ósea. Cuidar tus huesos es parte de cuidar tu artritis.


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